Ningún empoderamiento producto de un dolor no trabajado o del sometimiento de otros puede ser catalogado como tal.
Hace tiempo vi un reportaje de History Channel sobre las conejitas. Una de ellas decía: «Nos vendieron el cuento del empoderamiento, que podíamos hacer con nuestros cuerpos lo que quisiéramos, solo para esclavizarnos a ellos». Era en los años setenta.
¿Cuál es la diferencia con este siglo?
Claro, ahora no solamente son ellos: también ellas, y hasta algunas familias. «No sé qué hace en su cuarto, pero está ganándose la vida y ya no me pide dinero. Total, si no la toca, no es prostitución». Sí, claro.
Conocí a muchas chicas con profesión y con trabajo inmersas en estas plataformas. Y he visto más casos todavía, no solamente en plataformas, sino también en un comercio ilícito con sus cuerpos, a raíz de la llamada liberación o empoderamiento.
He revisado muchos testimonios. Es como un detrás de cámaras, ¿saben? Y la mayoría de las veces revela un pasado incómodo, difícil de contar, con diferentes tipos de abusos y dolor. Mucho dolor.
Sobre este territorio herido se yerguen furiosas y se proclaman empoderadas, solo para volver al punto inicial del laberinto.